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viernes, 20 de diciembre de 2019

Enésima reapertura del blog


Me encuentro en la maldita necesidad de tener que reabrir este blog porque u opino o exploto. Por lo que veo, me pasa de tanto en tanto.

Y mi primera puñetera reflexión (mi enésima primera) va a venir precisamente a raíz de opinar. Opiniones hay como culos, todo el mundo tiene una. Es más, soy una firme defensora de que todo el mundo tiene derecho a opinar. Pero y aquí vienen los grandes quides de la cuestión:
Opinar no es lo mismo que difundir un mensaje de odio. El odio no es una opinión, es una visceralidad.
No todas las opiniones tienen el mismo peso: por diferentes razones hay opiniones con más peso que otras, bien porque se ha leído sobre una materia, bien porque se ha estudiado cierto tema… tienen y deben tener mayor peso que la opinión acodada sobre la barra de un bar.
Y por último, tengo que añadir una reflexión a nivel personal. Y es que existen ciertas profesiones (como puede ser mi caso, soy enfermera y seré sexóloga) en las que asumimos una carga educativa. ¿Tengo que gastar mi tiempo y mi esfuerzo en educar fuera de mi trabajo? Es una opinión personal, pero cuando va ligado a fuertes valores o al bienestar humano, pues quizá sí, aunque conlleve cierto “burn out”. Pero no podemos dejar que el mundo se pudra.