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miércoles, 7 de marzo de 2012

La necesidad de autojustificarse

Avanzamos las clases y hay algo que no me gusta. Resulta que la enfermería siente la necesidad de justificarse a sí misma, una y otra vez. Siente la necesidad de explicar una y otra vez que es una ciencia autónoma e independiente. Pone mucho énfasis en ello y en clase nos lo repiten una y otra vez.


Me lo creí la primera vez que me lo contaron, y no veo la necesidad de repetirlo una y otra vez. Salvo que la propia enfermería necesita repetírselo para creérselo. Es cierto, es una ciencia joven, pero la insistencia es bastante dañina. Pone empeño en resaltar una y otra vez que no es un auxiliar de la medicina, que es otra cosa. Lo creo, pero mi duda apareció con la insistencia, una y otra vez de ese supuesto. No porque me lo repitan más me lo voy a creer más.
Ser ciencia joven supone que aún se puede desarrollar más, que se puede trabajar la teoría, porque es lo que aparentemente primero hace falta. La práctica de enfermería lleva siglos activa, la teoría es mucho más reciente.

El problema está en que aún necesita definirse, que posiblemente aún no esté segura de sí misma. Porque otros dudan, porque la propia ciencia duda, porque las enfermeras dudan...

O como un colectivo (aquí encarnado por un grupo de profesionales de un campo concreto) se comportan muy parecido a un individuo. Y todas las vueltas que aún se le pueden dar.


viernes, 2 de marzo de 2012

Comunicación


Ya desde hace tiempo quería hablar de lo importante que me parece la comunicación en el tema de la salud. O de los que se dedican a ella.
Si la comunicación ya es importante ya de por sí en cualquier relación que se entable (y hablo de relación social), concretamente en este campo se tratan temas delicados. No voy a entrar en si hay que decirle al enfermo lo que tiene, si se muere o lo que sea. Para eso ya hay leyes y protocolos que indican qué se debe hacer. Hablo de algo aún más básico.

Sobre todo en lo relacionado con los viejillos, creo que hay una falta de capacidad comunicativa por parte de los profesionales. Aunque es más general, sobre todo los abueletes y las abuelitas no manejan lenguaje técnico. Y quiero decir, ¿ cómo va a entender un abuelillo qué le pasa si en medio de la explicación aparece la palabra colédoco?

He visto y oído casos que me dan algo en qué pensar. Quizá, desde las facultades debería incentivarse algún tipo de curso o cursillo sobre la comunicación con el paciente. Cómo hablarle, qué decirle, cómo puede entender... O lo que es lo mismo, aprender a dejar el diccionario en casa y aprender a expresarse con palabras sencillas.

martes, 21 de febrero de 2012

Querido Gottfried Achenwall o sobre la estadística

Querido Gottfried Achenwall:

No sabía quién eras ni cómo te llamabas, pero sabía desde hace tiempo que no confío en tí. Inventaste y usaste por primera vez la palabra alemana Statistik y solo por ello mereces no ocupar un lugar demasiado privilegiado en mis afectos. Tú hablabas de datos del Estado, lo que evidentemente no engloba todo lo que entendemos hoy por estadística.
A ver si te lo explico bien. No me molesta la estadística en general, aunque hacer malabarismos con números no sea lo mío. Pero me divierte. No. Mi problema es personal. Y te lo voy a explicar.

Me parece que la estadística es la ciencia más mentirosa que conozco. Porque nos lo creemos solo porque nos lo dice la estadística. Y la estadística es algo en lo que la subjetividad también tiene su sitio. A ver si me explico. Claro que los datos obtenidos por ella son reales. Pero claro, para obtener esos datos, hemos tenido que elegir de dónde los obtenemos. Y elegir supone descartar a su vez (lo que no se elige). Por ende, ya nos encontramos con algo que puede no ser como se pinta. Y luego, claro, está el Problema. El de las mayúsculas. Se trata de la interpretación. Porque le podemos dar casi la interpretación que queramos. Podemos aprovechar tu estadística para nuestro uso y gozo particular, para nuestro propio beneficio. "Te vas a creer esto porque te lo explico con numeritos".

En las cosas de la salud (y hablo de las ciencias que se dedican a ello) existen enfermos, no enfermedades. Oí la frase ayer, y no puedo estar más de acuerdo. Y es que aquí estadística se traduce por experiencia y parece que muchos de aquellos que te siguen no lo comprenden. No es lo mismo esa estadística empírica que una analítica o teórica. ¿Puede saber más un profano de la materia (vuelvo a hablar de salud) solo por manejar mejor la estadística que un profesional que lleva ejerciendo años (y que particularmente aborrece la estadística como tal)? No creo.

Así que estadística sí, pero con moderación.

Atentamente,
Ainize

lunes, 6 de febrero de 2012

Sobre la dignidad humana

Me he enfrentado a muchos conceptos. Incluido el de la muerte, uno de los más difíciles de soportar. Pero he descubierto que hay otros que me aterran más. La soledad, pero sobre eso ya me plantearé si escribo o no. Y sobre todo, la pérdida de la dignidad humana. La he visto de cerca, y me asusta mucho. Me ha afectado especialmente.

¿En qué consiste la dignidad humana? ¿Es exagerado afirmar que es lo que nos define? Somos personas en base a nuestra dignidad. Y si la perdemos, ¿cómo le hacemos frente? ¿Y cómo hacer frente a la responsabilidad de provocar cierta pérdida de dignidad humana?
Es una escala y hay muchas circunstancias.
En el ámbito de la salud se da muy a menudo. Porque ya de base, un paciente es un enfermo, lo que supone que es dependiente. Bueno, a priori, aunque se relativiza esa dignidad, puede no haber mayor problema. Pero en casos extremos sí ocurre esa pérdida casi total de dignidad humana. Ocurre, que la mayoría de las veces va acompañada de una relativización o incluso pérdida de la conciencia de uno mismo. Vamos, que la persona enferma no es del todo consciente de esa pérdida. Y eso es mejor, que no lo sepan. Porque soportarlo tiene que rayar lo imposible. Porque si observarlo, estar presente, ya es algo degradante (pero no hacia el cuidador), sufrirlo tiene que serlo aún más.

No sé, no me veo ahora capaz de escribir más ni en más profundidad. Tampoco he encontrado ninguna foto que retrate este concepto.

lunes, 30 de enero de 2012

Ser enfermera

Empieza el nuevo cuatrimestre y se presenta verdaderamente interesante.
Hay una clase de, entre otras cosas, antropología. Y resulta que esa antropología versará sobre la violencia de género. No será la primera vez que le doy vueltas al tema. ¿Pero qué relación exacta tienen los profesionales de la salud con ello?

Es un tema que siempre me ha interesado. A mi alrededor se han dado pequeños o grandes casos sobre esto. Y me parece que a día de hoy, aparte de cifras, desconocemos mucho sobre el tema. ¿Qué lleva a una mujer a soportarlo? ¿Cómo es que muchas no son capaces de rebelarse? ¿Pueden las mujeres con estudios altos sufrirlo? ¿O son exclusivos de mujeres con un perfil marginal? Creo que hay muchos mitos y que es un problema del que solo asoma la punta del iceberg. Como mujer, creo que estamos más expuestas a muchos tipos de agresiones (sexuales, de género o lo que sea) de lo que creemos.

Por lo que nos han comentado, es el segundo año que el tema se incluye como parte del programa de educación de enfermería, porque se han dado cuenta de que hay un agujero bastante grande al respecto. No se sabe cómo reaccionar. Creo que se puede sacar mucho de todo esto, y es ciertamente interesante.

Por otra parte, otro pequeño apunte resaltable. Tengo como profesores médicos, bioquímicos... y casi todos ellos hacen continua referencia a que como profesionales tenemos que trabajar y ¿explotar? la empatía. Es curioso, porque por muy importante que sea, hay algo que falta en todos esos discursos: ninguno de los profesores ha hablado en profundidad de uno de los mayores peligros que entraña todo esto. Y es que alguien dedicado a esto, tiene que ser capaz de tomar distancia de los casos. No puedes llevártelo a casa y dejarte arrastrarte por ello, porque te va a hundir emocionalmente.



lunes, 23 de enero de 2012

Suicidio pasivo


Toqué el tema en un artículo anterior, "Dejar de ser". A veces, a los problemas de la senectud (o lo que es lo mismo, vejez) llevan incorporados problemas extraordinarios. Aunque algunos, por los porcentajes que se conocen, son más bien ordinarios. Pero no por ello menos graves.


El suicidio de la tercera edad es un tema sobre el que se pasa de puntillas. Es algo que existe, pero es un gran tabú. Muchas veces se enmascara con disfraces de accidentes o causas naturales. Porque, ¿para qué remover mierda que no va a llevar a ninguna parte? No beneficia a nadie que todo el mundo lo sepa, quizá su única relevancia real sea tenerlo en cuenta a la hora de la prevención. Pero una persona que se suicida es una persona que no quiere seguir viviendo. ¿Cómo se soluciona eso?

En el caso de los viejecillos no siempre se trata de alguien que hace algo para suicidarse. A veces, asumen la postura de lo que conoce como suicidio pasivo. Dejarse morir. La vida ya no les llama la atención, no hay nada por lo que sientan curiosidad y hay muy pocas cosas que les aten a la vida. Y eso suele ocurrir por ejemplo, cuando muere la que ha sido su pareja toda la vida, que ya no queda nada que les ate a la tierra. Por muchos hijos o nietos que tengan. Sienten que su tiempo ha pasado y que no son necesarios y si ese hilo de pareja se corta, ya no queda nada que hacer. De todas formas, no es la única forma. Dejan de comer, dejan de dormir, dejan de vivir en definitiva. Apatía y desilusión.

Es probable que a ese anciano le detecten alguna además alguna enfermedad orgánica. Pero lo mismo da, no va a querer curarse y es posible que ni su cuerpo ni su mente puedan ser capaces de hacer frente al tratamiento. Es duro, pero a veces, llega un punto en el que tenemos que dejarles irse. Es inútil tratar de buscar la cura, porque ¿cómo les devuelves las ganas de vivir?

Eso nos pone delante de uno de nuestros miedos más ancestrales. Nos hace mirar a la cara a la Muerte (hombre, mujer, espíritu o el ente que sea de la mitología que sea).

viernes, 20 de enero de 2012

Querido Freud


Querido "amigo" Freud:

Contigo no puedo ser objetiva.
Tengo que reconocer que ya te tenía tirria desde hace tiempo. Y cada vez te aguanto menos. Te he vuelto a estudiar, o al menos algunas de las cosas que dices y me empiezas a hartar un poco. No todo tiene que ver con el sexo, con el erotismo o con desear tirarte a tu padre. Me horrorizas cuando hablas de que absolutamente todo tiene que ver con ello (hablas de que siempre resulta erótico una madre dando el pecho, y que yo sepa tiene que ver más con la subsistencia de la especie, porque las crías tienen que alimentarse; y aunque haberlos haylos quien vea todo eso como algo sexual, pues...). No todos los problemas de fondo tienen que ver con un trauma sexual. Si por ejemplo, alguien tiene fobia a las arañas, o a los gusanos o a lo que sea; dudo sinceramente que sea porque de pequeño soñaba sexualmente con su padre y no lo ha superado. Resulta que contigo, volvemos al jijijiji del caca-culo-pedo-pis, me recuerdas a un adolescente hiperhormonado. ¿No somos mayorcitos como para saber distinguir lo morboso?

Contigo me ocurre que no me creo ni la mitad de lo que leo. Que algunas de las cosas me suenan a paparruchas y que la palabra pseudociencia acude con regularidad a mi mente, vergüenza me da ponerle la etiquete de ciencia a esta entrada. Y no, no es porque sea necrófila y quiera tema contigo. Te reconozco algunos avances y bueno, alguien tenía que ponerles nombre a las cosas. Pero lo que sobre todo te puedo reconocer es que has dado pie a otros hitos posteriores.

Eros y Tánatos, dos fuerzas enfrentadas. Que funcionan genial como ejer argumentales a la hora de construir una historia. Pero porque cuando queremos construir una historia, queremos que le interese a alguien, llamar su atención de alguna manera. Pero ocurre que no creo ni por asomo que sean las dos únicas razones de la existencia y del motor del ser humano. Sí, son motores importantes, pero no los únicos.

Cuando comentaba mi hastío hacia ti me preguntaron, ¿pero cuántos adictos a los opiáceos te caen bien?. No sé si está bien formulada la pregunta. ¿A cuántos adictos a la coca estudio? Aparentemente más de los que pensaba. ¿Y a cuántos adictos a la coca obsesionados con el sexo tengo que estudiar? Creo que ya no tantos, o eso espero. ¿Y a cuántos adictos a la coca que tratan la histeria femenina tengo que estudiar? Ya sé que tú lo sabes, pero eso de que las mujeres se ponen histéricas porque tienen demasiada energía acumulada y que por tanto lo que hay que hacer es masturbarlas pues en fin... Creo que ya lo he dicho un par de veces, pero no me creo ni por asomo que el sexo sea la única causa de estrés y compañía.

Mira Freud, el sexo es bueno. Es una verdad innegable, pero no nos pasamos todo el día pensando en ello. Sabemos que existen más cosas. Y también tengo que decirte otra cosa: señor mío, las mujeres no somos solo objetos. Nos has tratado como si fuéramos meros objetos de placer-displacer (Edipo y sus traumas extrapolados a todos los señores del mundo, y a alguna señora también). No somos floreros. No somos el mal de la humanidad. Somos muchas cosas y más complejas (igual que los caballeros) que un simple trozo de carne sufriente por y para el sexo.

Espero que no te moleste. Atentamente,
Ainize




lunes, 16 de enero de 2012

Sobre el contacto físico


Sigo de exámanes y sigo inestable, pero estaba dándole vueltas a algo. Pensando, pensando y dando vueltas.
Cuando estamos mal anímicamente hay poco que nos reconforta. Por mucho que negemos creer en las películas americanas y su alto valor calórico acudimos a ello. Y tiene su razón orgánica y bioquímica de ser. Pero no es el helado, no es el chocolate, no es el dulce. No es la glucosa, a fin de cuentas. Ayuda, pero lo que realmente buscamos es presencia humana. Otro(s) ser(es) humano(s). Sus consejos, su presencia, y sobre todo su contacto físico.
Tiene muchas variantes, desde que te sujeten la mano a que te anden en el pelo o en la espalda. Aunque el formato de igual, se puede decir que el más universal es el abrazo. ¿Tiene el abrazo propiedades curativas?

Quizá de un tema tan ordinario (que en cambio se vuelve crucial en algunos momentos) pueda sacarse algo más. Porque evidentemente las mágicas propiedades que algunos sostienen que tiene el contacto humano son algo a tener en cuenta en un ámbito sanitario. Aunque puede ser también lugar de buenas noticias, normalmente una consulta (o peor, un quirófano o... ) suele ser agorero, como pájaro de mal agüero. Normal, es ahí donde muchas veces podemos enterarnos de que tenemos tal o cual mal.
Claro que un mundo idílico y utópico ese contacto humano está contemplado, pero hoy existe también una máxima paralela: el tiempo es dinero. Y dedicar tiempo a cuidar el contacto humano con un paciente cuesta dinero. Por mucho que digan que un abrazo es gratis, no es cierto. Segurísimo que hay estudios que demuestran o lo intentan que un paciente ante contacto humano se cura antes o responde mejor a la medicación o lo que sea, pero no me apetece buscarlos.

A título personal, tengo cierta alergia al contacto físico desmesurado, al gratuito y al que abusa del espacio personal de cada uno. Y de aquellos que provienen de alguien con quien no tengo excesiva confianza. Incluso debo admitir, que muchas veces, aunque lo necesite, voy a ser incapaz de pedirlo. Pero después, para contradecirme, uso este espacio para reivindicar las cualidades terapeúticas que pueden tener los abrazos y los achuchones. Son, incluso vehículo de expresión en muchas ocasiones. Y un tema a analizar más a fondo en el mundo sanitario.

Abrazo de oso

martes, 29 de noviembre de 2011

Dejar de ser

Tenía pendiente hablar del tema que posiblemente más me ha "tocado" desde que empezamos las clases. Presentamos ya el tema, por lo que le he dado alguna vuelta más que cuando pensé en escribir esto. Quizá, lo primero es definir "tocado". Dadas mis clases pueden significar muchas cosas, pero esta vez se limita a conmover.

Después de darle muchas vueltas tengo claro que no se trata más que de un punto de vista, y uno occidentalizado, además. La ternura, conmoverse, por los niños es básicamente genético. La defensa natural de las crías. Pero, ¿y lo que sentimos hacia nuestros viejitos? Está claro que hoy en día son los dos grupos ante los que nos encontramos más sensibilizados. Basta echarle un vistazo a la película "Up", o mejor aún, basta echarle un vistazo a la gran mayoría que esté viendo "Up". Los primeros minutos de la película provocan más de una lágrimilla, y más de dos, siempre y cuando seas capaz de empatizar. Pero esto no es del todo natural. Siguiendo la biología, la evolución, que no se basa en otra cosa que en la supervivencia de la especie (y por tanto la ley del más fuerte); los ancianos y los enfermos son individuos que ponen en peligro la comunidad, son una carga. Y como tal, en muchas culturas, era responsabilidad del individuo ser consciente de cuándo estorbaba, recogerse e ir a morir al sitio sagrado de turno (que puede ser una montaña, un desierto o lo que sea).

No sé en qué momento ha cambiado esto en Occidente, pero sí está claro que lo ha hecho. Los viejillos nos inspiran ternura, nos conmueven, son nuestros mayores. Y ya sea porque me han enseñado ese sentimiento o porque yo lo he aprendido; pero el caso es que después de que habláramos por primera vez de las demencias en clase, llegué a mi casa un poco triste. No tengo ningún caso de demencias en mi círculo cercano, pero empatizo. El Alzheimer es sin duda la más conocida, pero hay unas cuantas más. Es triste. Lo que todas las demencias tienen en común y quizá lo más triste de soportar, es la deshumanización. Porque eso entronca con otro de los miedos de los humanos. Dejar de ser quienes somos.

Con una demencia nos convertimos en otra cosa. Dejamos atrás lo que fuimos, ya no somo esa persona. Para nosotros la idea es terrible. Es comunmente aceptado que todos pedimos llegar a viejecitos manteniendo la cabeza lúcida, y el resto de cosas... pues ya se verá. Pero la cabeza lúcida, por favor. Nos destroza ver como progresivamente se van degenerando. Y nos afecta mucho, siempre al margen de lo que tengamos que sacrificar para cuidarlos, que habitualmente en un caso de estos tiene que ser mucho. Es casi una regresión, incluso cuando no sufren estas demencias. Se dice que a los viejecillos (mi abuela dice que mayores, porque viejos son los trapos) se les acentúan las manías, que son como niños grandes. Y con una demencia, en la práctica lo son. Se vuelven completamente dependientes. Aún más vulnerables. ¿No se desgarra algo, aunque sea un poquito, al pensarlo?

Y ellos en realidad, muchas veces lo saben. Las demencias dan cierta cancha. Aunque es mucho más probable que esa cancha en realidad sea un pequeño infierno. Ser consciente de que te pasa algo, de que va a peor... Lo que eso supone es que en la práctica, los ancianos suponen el segundo grupo de la población con el índice de suicidios más alto. El suicidio, que es tabú, y pecado para muchas religiones. Porque atenta contra la vida. Por... bueno, aquí también sería entrar a debatir sobre re,ligiones, misticimos y otras posturas anta la vida. Lo que es innegable, es que es duro. Muchas veces los suicidios de los ancianso se disfrazan, se disimulan. Por la familia y porque se prefiere pensar que han sido accidentes. Y realmente no queremos pensar en ello.

Aún podría hablar de algunas otras cosillas, ya que ha sido un motivo de lectura reciente; aún sin profundizar y sin entrar en temas exclusivamente sanitarios, porque como acabamos de ver nos tocan la patata y eso supera el ámbito médico.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Atrapados por la semántica


Mi relación con las palabras es, quizá, diferente a la de otras personas. Tiene que serlo, a la fuerza. Ni mejor, ni peor. Solo diferente, porque soy una persona. Y yo trabajaba con ellas. Para mi una cosa seguirá siendo esa cosa se le de el nombre que se le de.
¿Qué es Romeo? Romeo no es ni mano, ni brazo, ni pie, ni parte alguna que pertenezca a un hombre.

Pues eso. Más que palabras son conceptos. Pero entiendo la necesidad de tener que llamar a las cosas por un nombre; aunque nos equivoquemos al decir que llamamos a las cosas por su nombre. Es un debate largo, pero como ejemplo bastan las 50 palabras que usan los esquimales, para el hielo. Todo esto estaba mucho más relacionado con mi anterior mundo, en el que muchas veces era objeto de estudio; y con algunas de mis actuales conversaciones.

Pero resulta que esta historia ha tenido una pequeña aparición en este mundo nuevo. En una presentación, en clase, unas compañeras estaban hablando sobre el Consejo Internacional de Enfermería. En la exposición hablaban de la página de dicho Consejo, donde hablaban sobre el trabajo de las enfermeras. Siempre en femenino. Siempre enfermeras.
Yo miraba alrededor, las compañeras ponentes miraban alrededor, y rápidamente saltaba la postilla. Y los enfermeros.

Al acabar ellas su exposición, toma la palabra la profesora, que aunque no es enfermera, parece sensibilizada con el tema. No señores, es enfermera. Es el genérico. No hablamos de médicas o de farmaceúticas, por mucho que la Aído se empeñase. Así que resulta que el término correcto tiene que ser enfermera, incluso si hay chicos. Que ha sido una profesión esencialmente femenina (otro debate futuro) y que así se ha creado el genérico.

¿Es eso así? ¿Es realmente el genérico? ¿O es una costumbre? ¿O se está el señor Pérez Reverte revolviendo en su tumba, aunque aún no haya entrado en ella?


miércoles, 26 de octubre de 2011

Buhoneros



Cualquiera que conozca algo, ya sea por si mismo que por cercaní
a, del mundo de la gente que trabaja en el campo de la salud; sabe que rondando a esas personas existen unos fantasmas sobrevolando. Ahora que se acerca Halloween, ¿se puede decir, no? Esa figura es la del representante farmacéutico, el "repre". Y cualquiera sabe lo que esos señores significan y hacen significar. Mi memoria recuerda tiempos en los que aquello no estaba ¿regulado? y muchas cosas acababan siendo un despropósito, fuente de muchas historias y anécdotas familiares. Y de unos cuantos beneficios familiares también.

Esto, como siempre, me supone un debate moral. Porque ni más ni menos se trata de una "compra-venta". Los regalos que se hacen tienen doble lectura, ya que la persona que los recibe está "comprando" recetar los medicamentos de ese repre.

Pero no son los repres los únicos buhoneros de este mundo. Hoy hemos tenido el placer (o displacer que diría la profesora de psicosociales) de tratar con un buhonero de una editorial. De los que te intentan vender de todo, sobre todo enciclopedias, médicas eso sí. Y como beneficios, regalos (que incluían letra pequeña, claro), sorteos y el siempre eficaz todo mucho más barato. ¡En horario de clase!
Nada más presentarse el señor se ha ganado toda mi desconfian
za. Eso sí, tengo que admitir que labia tenía un rato largo. Imagino que si no, no hubiera llegado hasta donde ha llegado. Porque para esto también, el que vale, vale
. Y el que no, no.
¿Y si te regalo una cancioncilla?

lunes, 3 de octubre de 2011

Salud y rol


Viéndome quizá cada vez más metida en este nuevo mundo en el que he entrado, con el que reinaguraba el blog, tengo que plantearme si alguno
de los campos por los que me muevo se pueden cruzar. Si tienen aplicación práctica.
Mi pregunta, ahora mismo, es la siguiente: ¿Es posible relacionar rol y s
alud?
Así, a priori la respuesta parece que no. Que son dos cosas que no tienen que ver la una con la otra, que no hay dónde puedan interactuar.

Pero quizá si nos detenemos a averiguar qué es exactamen
te la salud, la cosa pueda variar. O no. Es lo que quiero descubrir.
La salud, no es únicamente la falta de enfermedades. No es únicamente no estoy enferm@. Quizá quien haya pasado por una época de su vida en que las circunstancias no le han acompañado, pueda decir que aunque el médico le ha dicho que se encuentra perfectamente, más sano que un roble, en el fondo no se encuentra bien. Y eso se traduce en diferentes niveles. Fisica, emocional y psicologicamente.

Por eso quizá es interesante mirar hacia lo que el rol pueda ofrecer al respecto. ¿Puede el rol resultar beneficioso o ayudar en algo a la salud?

Como creo haber dicho, jugar a rol permite vivir otras vidas, otras situaciones, otras experiencias... Y eso, a lo mejor pueda ser de ayuda en algo.
Me explico, creo que jugar a rol pueda tener algún efecto terap
eútico. Evidentemente, no he hecho ninguna investigación científica al respecto (aunque debería apuntármela); pero parto de la idea que jugar a rol puede ser beneficioso para ciertos cuadros psicosomáticos. Se me ocurre que en un diagnóstico depres
ivo, re-aprender a empatizar, viviendo otras vidas... pueda resultar de ayuda. Como también podría serlo en algún trastorno que afecte directamente a la memoria. De igual forma, creo que podrían adecuarse de forma que constituyan un medio para que personas cercanas al paciente (y ya pueden ser médicos, enfermeras, familiares, conocidos o lo que sea) puedan familiarizarse con la enfermedad. Sobre todo, para tratarlo a cierto nivel en el qu
e un enfermo deje de ser una suma de síntomas; aprender a empatizar también con ellos, a imaginar cómo resolveríamos nosotros las situaciones en su lugar.
En ningún momento hablo de curar ninguna enfermedad, si no de herramientas que puedan ser útiles.

No lo sé, puede que sea una teoría absurda, pero ¿quién sabe?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ascos sanitarios


Como tantas otras veces, ocurre que no entiendo a las personas. Al margen de las vidas personales y las decisiones y los comportamientos privados de la gente, ésta vez me llama la atención un aspecto humano que no entiendo.
¿Por qué una persona que no soporta la sangre, ver un cadáver o una víscera se apunta a estudiar algo relacionado con la Sanidad? Porque a esas personas se les presupone que quieran trabajar de ello en un futuro. ¿Qué les ha llevado a apuntarse a enfermería, medicina, odontología...? Si les da asco, miedo o repelús... Es cierto que quizá las primeras veces impresione un poco y que algunas cosas determinadas puedan provocarte más que otras. Pero conozco casos un poco más exagerados, de esos que no tienen pinta de pasarse. En algunos casos incluso por el simple hecho de ser hij@s de papá. El mundo perfecto en el que vive mucha gente no se adecúa al que se van a encontrar trabajando con enfermos. Creo que para estas cosas hay que tener una pasta especial, y que si no, deberías buscarte otra cosa.

Espero, por mi propia salud mental que no sea el dinero. Espero que no sea ésa la respuesta, porque dejaré de tener fe en la humanidad. Y a pesar de todo, a día de hoy aún la necesito

jueves, 22 de septiembre de 2011

Preguntas


Una nueva visión implica toda una colección de cosas sobre las que pensar. Uno de los primeros días habiendo vuelto a estudiar, surgió una pregunta en clase a la que creo que habría que dar vueltas.

¿Longitud o calidad de vida?

No me parece tan fácil de responder. Si surge al menos un pequeño debate, ya expondré porqué.


miércoles, 21 de septiembre de 2011

Dos hemisferios


Cuando esto parecía que esto había muerto, resurge una vez más de entre sus propias cenizas. Tantas veces que he pensado clausurarlo, dar por finalizada una etapa. Pero ahora surge otra. Solo recojo las teclas cuando me estimulan intelectualmente. Ha vuelto a ocurrir, pero en un ámbito completamente distinto al que estaba acostumbrada. Y de eso va a ir esta entrada.

Hace tiempo, mucho tiempo; cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, contestaba cualquier cosa. Pasé por las fases de contestar veterinaria, periodista... Pero en el fondo lo que de verdad quería hacer, y no lo decía por miedo a que me tomaran por loca, era estudiar todas las carreras del mundo. Lo quería saber todo.

Con el tiempo, mis sueños de aquella época han mutado. Ha cambiado todo. La vida da muchas vueltas, y en algunas me mareo. Pero lo importante, la teoría que había esbozado en el fondo sigue vigente. Y se fue desarrollando.



El yin y el yan. La parte femenina y la masculina. La dualidad. Los dos hemisferios de los que habla el título de la entrada. Pero para mi, las personas se dividen también de otra forma. Cada uno de nosotros tenemos nuestra parte "de letras" y nuestra parte "de ciencias". Me horroriza la respuesta de, no se multiplicar es que soy de letras. O lo de leer no es lo mío, que soy de ciencias. "... es que soy de ciencias", "... es que soy de letras", son excusas baratas, burdas y fáciles.

Para mi una persona completa es aquella que tiene ambos lados. Y como con aquel futuro que soñaba de niña, me he dado a desarrollar mis dos lados.

Así, esta entrada abre la veda a una serie de reflexiones de mi nuevo ámbito. De mi nuevo estimulante intelectual