Mostrando entradas con la etiqueta sobre.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sobre.... Mostrar todas las entradas

martes, 7 de febrero de 2012

Sobre la soledad


Soledad, maldita palabra. La tememos. Nos encojemos ante ella. Y es que es, en definitiva, es uno de los miedos más terribles de la humanidad.

La soledad, que con sus muchas caras puede estar presente. Soledad de estar solo, soledad de quien está rodeado de gente, soledad de quien busca alguien con quien compartir su vida, soledad de quien no tiene a nadie... Tener a alguien a quien echas de menos es soledad, de la misma forma que lo es no tener a nadie a quien echar de menos. Sentirse solo es el abrigo más pesado que puedas echarte encima. Porque soledad no es lo mismo que estar solo. O mejor dicho, soledad no es lo mismo que estar con un@ mism@. Porque soledad supone sentirse solo. Eso es lo que nos da miedo.

Pero ocurre que la soledad no solo es miedo. Con los mayores se convierte también en un problema. Te enfrentas a la muerte y afrontarlo solo es terrible. Alguien a tu lado, que te coja de la mano, que te llore, que te recuerde. Saber que no estás solo. Porque la soledad puede combatirse sabiendo que a alguien le importas lo suficiente. Últimamente nada me ha conmovido más que un viejecillo pidiendo que no se marchara la persona que le acompañaba, que no quería quedarse solo. Pero él tenía acompañante, más de uno en realidad; alguien que velaba por él. Y eso no siempre pasa.

La soledad es dura. Soledad, maldita palabra.

lunes, 6 de febrero de 2012

Sobre la dignidad humana

Me he enfrentado a muchos conceptos. Incluido el de la muerte, uno de los más difíciles de soportar. Pero he descubierto que hay otros que me aterran más. La soledad, pero sobre eso ya me plantearé si escribo o no. Y sobre todo, la pérdida de la dignidad humana. La he visto de cerca, y me asusta mucho. Me ha afectado especialmente.

¿En qué consiste la dignidad humana? ¿Es exagerado afirmar que es lo que nos define? Somos personas en base a nuestra dignidad. Y si la perdemos, ¿cómo le hacemos frente? ¿Y cómo hacer frente a la responsabilidad de provocar cierta pérdida de dignidad humana?
Es una escala y hay muchas circunstancias.
En el ámbito de la salud se da muy a menudo. Porque ya de base, un paciente es un enfermo, lo que supone que es dependiente. Bueno, a priori, aunque se relativiza esa dignidad, puede no haber mayor problema. Pero en casos extremos sí ocurre esa pérdida casi total de dignidad humana. Ocurre, que la mayoría de las veces va acompañada de una relativización o incluso pérdida de la conciencia de uno mismo. Vamos, que la persona enferma no es del todo consciente de esa pérdida. Y eso es mejor, que no lo sepan. Porque soportarlo tiene que rayar lo imposible. Porque si observarlo, estar presente, ya es algo degradante (pero no hacia el cuidador), sufrirlo tiene que serlo aún más.

No sé, no me veo ahora capaz de escribir más ni en más profundidad. Tampoco he encontrado ninguna foto que retrate este concepto.

lunes, 16 de enero de 2012

Sobre el contacto físico


Sigo de exámanes y sigo inestable, pero estaba dándole vueltas a algo. Pensando, pensando y dando vueltas.
Cuando estamos mal anímicamente hay poco que nos reconforta. Por mucho que negemos creer en las películas americanas y su alto valor calórico acudimos a ello. Y tiene su razón orgánica y bioquímica de ser. Pero no es el helado, no es el chocolate, no es el dulce. No es la glucosa, a fin de cuentas. Ayuda, pero lo que realmente buscamos es presencia humana. Otro(s) ser(es) humano(s). Sus consejos, su presencia, y sobre todo su contacto físico.
Tiene muchas variantes, desde que te sujeten la mano a que te anden en el pelo o en la espalda. Aunque el formato de igual, se puede decir que el más universal es el abrazo. ¿Tiene el abrazo propiedades curativas?

Quizá de un tema tan ordinario (que en cambio se vuelve crucial en algunos momentos) pueda sacarse algo más. Porque evidentemente las mágicas propiedades que algunos sostienen que tiene el contacto humano son algo a tener en cuenta en un ámbito sanitario. Aunque puede ser también lugar de buenas noticias, normalmente una consulta (o peor, un quirófano o... ) suele ser agorero, como pájaro de mal agüero. Normal, es ahí donde muchas veces podemos enterarnos de que tenemos tal o cual mal.
Claro que un mundo idílico y utópico ese contacto humano está contemplado, pero hoy existe también una máxima paralela: el tiempo es dinero. Y dedicar tiempo a cuidar el contacto humano con un paciente cuesta dinero. Por mucho que digan que un abrazo es gratis, no es cierto. Segurísimo que hay estudios que demuestran o lo intentan que un paciente ante contacto humano se cura antes o responde mejor a la medicación o lo que sea, pero no me apetece buscarlos.

A título personal, tengo cierta alergia al contacto físico desmesurado, al gratuito y al que abusa del espacio personal de cada uno. Y de aquellos que provienen de alguien con quien no tengo excesiva confianza. Incluso debo admitir, que muchas veces, aunque lo necesite, voy a ser incapaz de pedirlo. Pero después, para contradecirme, uso este espacio para reivindicar las cualidades terapeúticas que pueden tener los abrazos y los achuchones. Son, incluso vehículo de expresión en muchas ocasiones. Y un tema a analizar más a fondo en el mundo sanitario.

Abrazo de oso

martes, 10 de enero de 2012

Sobre la inmortalidad


No la quiero. No quiero la inmortalidad. No quiero vivir para siempre. No de forma literal.
La vida trata de ir perdiendo cosas: oportunidades, personas, ovejas, cosas, momentos... Al final es un cúmulo que no puedes recuperar. Aún así es algo que hay que vivir, que no lo cambiaría por nada.Y aún así hay algo que no podemos negar. Si has perdido algo, es porque lo has tenido. Así que sin duda, ha merecido la pena, ¿o no? Pero no quiero eso para siempre.
Porque las palabras para siempre, tampoco me las creo. Ya hablé en su momento de mi relación con las palabras, mi poca inclinación a relativizarlas.

Y sin embargo, sí he querido una clase de inmortalidad. Cuando era pequeña lo que quería era que tuvieran que estudiarme. Hoy se ha convertido en un ser relevante en mi campo. Aunque parece que ahora tengo más de uno. Imagino que se trata de trascender.

Así que inmortalidad no, trascendencia sí.