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viernes, 20 de diciembre de 2019

¿Qué co#o está pasando?, Feminismo, parte I

FEMINISMO. Así, en mayúsculas. Idos acostumbrando. A la etiqueta. A entradas sobre ello. A verlo en la sociedad. A verlo en los medios. Hay que debatir sobre ello. Así que... allá voy a soltar mi parrafada.

Esta entrada viene empujada por el documental de Netflix "¿Qué coño está pasando?. Y digo empujada y no influída porque no es un tema nuevo para mi, que hoy haya decidido que me preocupe. Pero estoy viendo el documental (que por cierto he tenido que pausar y lo tengo a medias, para darle a la tecla) y me ha generado una fuerte necesidad de darle a la tecla.

Como siempre, presentado el tema, presento mis credenciales. Veamos, desde lo más básico, vivo en esta sociedad y por tanto, sus debates son los míos y también me afectan. Soy mujer, y añadiré, blanca y cis, y me han llamado "feminazi" cuando aún no era un término mainstream, hace ya un tiempo, a mis tiernos 18 añitos. Es un tema sobre el que he leído y me he informado y es un tema transversal  a mis estudios actuales.

Creo que lo primerito de todo es aclarar cositas sobre la palabrita "feminismo". Veamos. El feminismo nace como respuesta al machismo, pero no es su antónimo. Mientras que el primero habla de que el hombre (el que no es mujer)es superior, el feminismo aboga por la igualdad de derechos entre ambos. Luego, la definición de feminista no es la de una mujer odiadora que quiere cortar los penecillos y los huevillos de todo macho viviente. Por un lado, porque mientras que el machismo si es una corriente de odio-miedo-desprecio, el feminismo no lo es. Y segundo, porque los términos hombre y mujer deberían ser revisados y no aplicados a lo que nos cuelga o no entre las piernas.

Segundo: sí, plastas, es un término estrechamente relacionado con la política. O mejor dicho, con lo político, porque esto incluye lo que a los seres humanos de una sociedad nos atañe respecto a nuestra estructuración y cómo nos comportamos dentro de ella.

También importante, aunque Feminismo con la F mayúscula habla de la desigualdad entre géneros (mejor que entre sexos, como ya veremos en mi siguiente vomitiva explicatoria) y la brecha entre hombres y mujeres, feminismos en minúsculas hay muchos. Por si acaso y explicado, eso quiere decir que hay muchas corrientes dentro de ese concepto tan amplio que es la idea de que ambos géneros nos merecemos los mismos derechos.

Y voy a cerrar mi artículo "problemático" con una reflexión problemática. Y cuando digo problemática quiero decir que para mi no lo es en absoluto, pero es susceptible de levantar ampollitas. Y quiero que se lea ese diminutivo con todo el desprecio que lo he escrito. Que coño (¡qué palabra tan bonita!) habrá que revisarse por qué pican las cosas. Que cuando se habla  de desigualdades, y el feminismo habla precisamente de eso, no se puede hacer desde la derecha, rancia y proclive a fomentar las dichosas desigualdades. Pero como decía, esto es una opinión personal. Y oye, que opinar puede hacerlo todo el mundo.

Enésima reapertura del blog


Me encuentro en la maldita necesidad de tener que reabrir este blog porque u opino o exploto. Por lo que veo, me pasa de tanto en tanto.

Y mi primera puñetera reflexión (mi enésima primera) va a venir precisamente a raíz de opinar. Opiniones hay como culos, todo el mundo tiene una. Es más, soy una firme defensora de que todo el mundo tiene derecho a opinar. Pero y aquí vienen los grandes quides de la cuestión:
Opinar no es lo mismo que difundir un mensaje de odio. El odio no es una opinión, es una visceralidad.
No todas las opiniones tienen el mismo peso: por diferentes razones hay opiniones con más peso que otras, bien porque se ha leído sobre una materia, bien porque se ha estudiado cierto tema… tienen y deben tener mayor peso que la opinión acodada sobre la barra de un bar.
Y por último, tengo que añadir una reflexión a nivel personal. Y es que existen ciertas profesiones (como puede ser mi caso, soy enfermera y seré sexóloga) en las que asumimos una carga educativa. ¿Tengo que gastar mi tiempo y mi esfuerzo en educar fuera de mi trabajo? Es una opinión personal, pero cuando va ligado a fuertes valores o al bienestar humano, pues quizá sí, aunque conlleve cierto “burn out”. Pero no podemos dejar que el mundo se pudra.

martes, 4 de junio de 2013

Duelo por culpa del maestro shaolín

Parece mentira que de todos los temas que me queman la lengua y las manos, haya decidido revivir a este no-muerto que es el blog, con éste. me voy a saltar las justificaciones de mi desaparición aquí y empiezo directamente con las promesas (suspiro), si se diera el caso de la reapertura definitiva de este blog, volveré más y mejor con todos esos temas, puesto que opinar es de las pocas cosas que aún es gratis, y dejo la pista directa de cuáles podrían ser los campos a arar.

El caso, como siempre, es que ahora mismo, hay un tema que me vuelve obsesivamente a la cabeza una y otra vez. Quizá con intención de adaptarse a otro formato. Y es el duelo, en sus múltiples variantes. Todos hemos hecho un proceso de duelo alguna vez, pues no se trata de lo que te queda, o mejor aún de lo que no te queda, tras la muerte de un ser querido. El duelo es ese sentimiento que queda tras perder algo. Curiosamente ese vacío es, en realidad, un sentimiento. No sentir es sentir. No se trata de la ausencia de sentimiento aunque lo percibamos como tal. Si no la sustitución del abanico de sentimientos que conocemos y a los que podemos darles nombre por algo oscuro, aparentemente vacío que cubre el resto. ¿Como lo del bosque que no deja ver los árboles? Pues eso.


Ya saben, aquello de negación, ira, negociación, depresión y aceptación.Como de costumbre y como nos movemos entre las fangosas aguas de las teorías existen otras versiones de las etapas del proceso del duelo. Pero me quedo con éstas porque es la versión más extendida. El caso es que ante una serie de circunstancias pasamos por ese proceso. Cuando nos estancamos en alguna de las fases es cuando entraremos a hablar de un duelo patológico, o de un duelo crónico si el proceso se alarga en el tiempo. Si suenan mal es porque son malos. ¿Alguien me rebate alguna de éstas afirmaciones?

Quiero, me urge, hablar de duelo por otros motivos ajenos  a la dama de la guadaña. Solo ya daría para uno y mil artículos. Pero lo que me ronda obsesivamente la cabeza es que a lo largo de nuestra existencia nos encontramos con otro tipo de situaciones que requieren un proceso de duelo, aunque es muy posible que no seamos conscientes. Y ahora es cuando peligro con mezclar churras con merinas (son clases diferentes de ovejas, por si alguien lo preguntaba, aunque no me pregunten la razón por la que no hay que mezclarlas).



Sospecho que la entrada me quedará demasiado larga, por lo que voy a pasar por el primer tipo de duelo del que quería hablar de puntillas. Se trata del duelo tras la ruptura de una relación amorosa. Afortunadas las personas que no han estado jodidos después de que él o ella le dejaran. O incluso después de haber tenido que dejar a alguien. Pero a pesar de que me ronda la cabeza hablar de ello, no es tema de actualidad y me temo que el "hoy pronto es ayer" manda.

Así que os voy a hablar de otro tipo de duelo que no había considerado. Pero un suceso reciente ha hecho que le de vueltas sin parar, se trata de la noticia de la detención de un maestro shaolí bajo la acusación de presuntas (sólo esa palabra ya se merece una discusión entera, pero no "my point" hoy) agresiones y asesinatos. ¿Qué tiene que ver eso con un duelo? 


Por un lado, está la ley de los 6 grados, ésa que dice que todos estamos unidos a cualquier persona de cualquier parte del mundo con una diferencia máxima de 6 eslabones o conocidos entre nosotros. En este caso, puedo hablar de un solo grado de separación entre medias, no lo conozco personalmente. No voy a hablar de mi opinión personal sobre este individuo, vuelve a no ser el tema y tengo demasiado predisposición a irme por los cerros de Úbeda. Pero sí me parece importante la opinión y la relación que otros que lo conocían mejor y entre los que no existía ese eslabón de diferencia tenían. Muchos lo llamaban "maestro", o "sifu", y para ellos ha supuesto la asimilación de una serie de valores que han tomado como propios.Las enseñanzas de este hombre tenían su base no en una religión (el budismo) si no en una filosofía de vida. Basta con citar la integridad, el autocontrol o la perseverancia (entrenar hasta dominar algo), paz espiritual, como un par de ejemplos de lo que algunos concluyeron de sus enseñanzas. Era un hombre que predicaba esas cosas. Incluso de algunos que se alejaron del camino del que solo pensaban que se había convertido en un personaje pintoresco, o peor aún, que se había desviado de su camino y no era capaz de ver más allá de su ombligo. El caso es que aprendieron ésas cosas,  estaban integradas en su mensaje. Y al margen de la opinión personal que acabaron por desarrollar sobre él; ninguno de sus alumnos podía esperarse que un monstruo corropiera en tal medida los valores que les había enseñado y decía representar.

Puede que para muchos suene raro, sectario o difuso. Pero es... ¿cómo explicarlo?, ¿cómo reaccionas, qué piensas, cuando descubres que la persona que te ha inculcado los valores en los que cree no se rige por ellos? Es peor que un mentiroso.No solo se reacciona en contra del acto de esa persona, si no que nos lleva a extrapolarlo al cuestionamiento y a un posible rechazo de esos valores, de esas enseñanzas. Si él no es quien creía que era, ¿de qué sirve lo que me ha enseñado?, ¿qué valor tiene?

Ocurre también cuando se nos cae un ídolo del pedestal. El proceso es el mismo, aunque no suele llevar el agravante añadido de que conocemos personalmente a la persona que ha hecho que nos cuestionemos todo. Recuerdo mi priopia decepción, y su consiguiente redistribución de valores propios, al descubrir que Lance Armstrong (esa persona que había conseguido tantas metas después de haber superado un cáncer de testículo y todo lo que conlleva) se dopaba. hay quien sonríe cuando me ha oído decir que ese señor al que no conozco personalmente, me decepcionó, a mi, de forma personal. No lo entienden, como probablemente tampoco lo entenderán los que no hayan tenido contacto con el sifu. Resulta que son culpables indirectos de lo que nos está sucediendo.

Las consecuencias de descubrir algo así nos traen de nuevo al duelo. Pasamos por todo el proceso de negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Hemos perdido nuestros valores, nos los cuestionamos, nos los han arrancado. El psique, el alma, el corazón o el raciocinio pueden ser uno de tantos nombres que podemos darle a eso que somos pero que no es nuestro cuerpo. Sabemos que lo tenemos porque duele. Con un descubrimiento como éste, es como si nos hubieran quitado un trozo, volvemos a esa sensación de "nos falta algo". El problema es que también en este tipo de duelos podemos estancarnos en cualquiera de sus fases. 

Cuando pasamos un duelo siempre vamos a oir gilipolleces del tipo "de todo se aprende", "todo se supera" y demás. Personalmente no puedo con esos clichés y aquí insertaría toda una serie de despropósitos soeces sobre qué puede hacer la gente con sus frases de lastimero intento de apoyo, a veces de indiferencia, o de relativizar y quitar importancia a algo que evidentemente la tiene. Si te duele es que importa. Donde ya no me meto es en si se está haciendo una exteriorización normalizada del duelo.No pretendo dar falsas esperanzas, no pretendo quitarle hierro. Pero sí es cierto que todos los duelos suponen acontecimientos que marcan la experiencia vital. No tiene que ser para bien.

Me apetecía también escribir sobre las formas de superar el duelo, lo que es sano, pequeñas estrategias... No será hoy, aún me queda mucho que digerir y razonar sobre este tema. Pero sí que me gustaría aportar algo, hoy, a las personas que han pasado o están pasando por el replanteamiento de su tiempo, de sus valores, de sus creencias debido a este tema: Habéis creído que esos valores eran los que teníais que adaptar, creíais en ellos. No hay razón para no seguir haciéndolo. Si os habéis guíado y ajustado en base a ellos, ¿por qué iban a ser erróneos por el simple hecho de que aquel que os los hizo descubrir no es merecedor de vuestro aprecio o respeto? Que un individuo se haya desviado tanto, no quiere decir que no sean los correctos, los que habéis elegido.

Cierro mi chapa con una pequeña reflexión. Cuando he abierto el blog con intención de hablar sobre esto, me encuentro con que mi último artículo llevaba por título "¿fé en la humanidad?", planteándome si aún me quedaba de ésta. Si seguía creyendo, respecto a las personas, que son intrínsecamente buenas. Parece profético, porque vuelve a ocurrir que me lo cuestione, a otra escala. El suceso que me ha hecho volver a escribir no se merece justificación alguna, ni por mi parte, ni por la de nadie. Ni siquiera bajo el supuesto, aún no demostrado pero sí barajado, de que por medio estén los dichosos problemas mentales y los psicofármacos. No debemos justificar, puede que ni entender, este tipo de actos. Pues bien, extrañamente yo aún creo en la humanidad. Seguimos siendo capaces de horrorizarnos con esto. Sigue existiendo gente que reacciona ante una agresión. Porque es peligrosa la tendencia a hacer oídos sordos, simular estar en Babia o mirar hacia otro lado. Sobre todo cuando la víctima de la agresión es mujer, negra y prostituta. No sé si en ese orden, pero podría haber provocado que la persona que lo vió mirase para otro lado. Pero no lo hizo. Y eso hace que aún siga creyendo en la gente.

Por otra parte, y para acabar, citarme a mi misma. No es cuestión de ego. Es que se ha vuelto a encender, también en mi, aquello de que "las cosas malas suceden, pero no aquí, no a mí".



domingo, 15 de julio de 2012

¿Fé en la humanidad?

Creí que este blog lo estaba dejando morir, que ya no sentía la necesidad de teclear. Pero me han hinchado las santas narices y mis dedos vuelven a volar. Porque he tenido el "placer de disfrutar" (cómo adoro el entrecomillado) de la compañía de un grupo de señores, cuando señores más que de edad es una definición de sexo. Y tanto maduración como consideración sexual han acabado por hacer que mi imaginaria vena cojonera, ésa que sobresale en el cuello cuando te tocan muchos los trigéminos, alcance proporciones desmesuradas.

Ocurre que muchos de los santos varones están en edad núbil y sin compromiso. Ocurre que muchos de ellos tienen mi hombro para llorar o para arrimarlo si les hace falta. Pero lo que no va a ocurrir es que tenga que aguantar segundo tras segundo comentarios sobre los aspectos anatómicos de cualquier chica en edad de merecer que pase. Rodeada de señores, sigo el juego a una cantidad aceptable de comentarios obscenos. Refunfuño un poco y es parte del juego. Pero los señores, como buen animal de manada, se juntan y entonces son más fuertes. Yo diría que insoportables. 

Y he aquí que mi medidor de paciencia que nunca ha sido excesivo empieza a despertar a la pequeña feminazi que llevo conmigo. Pensé que nunca más se hastiaría, pero me acaban de demostrar que no.   Aborrezco los extremos y no me siento identificada con ellos, yo misma me he reído muchas veces de algunos tópicos, incluidos algunos que se han usado como bandera. Mi petición ahora mismo solo es una, respeto. Pero ocurre que los múltiples, y por múltiples me refiero a muchos, y con muchos a demasiados; suponen para mi un cansancio bastante grande. Soy una amiga, pero no un colega. No tengo la necesidad de saber cómo le gustan los pechos a alguien y que me señale cada uno de los que le gustan, porque son todos o casi, muchos rozando lo que es moralmente aceptable. No tengo porqué soportar intentar tener una conversación y tener que repetir las mismas 3 líneas varias veces porque los señores desconectan y se giran sin ningún tipo de disimulo ante cualquier mujer que se cruce para que todo lo que extraigan de la conversación es "me la follaba". Olvidan que tengo ciertas sensibilidades y que es de sentido común usar algo llamado tacto. Si es que lo dice la mismísima teoría de la comunicación. Ante receptores diferentes, variamos el discurso. O deberíamos. Y sinceramente, una parte importante de las actuaciones que he podido observar me han parecido de vergüenza ajena.

Pero ahora empieza lo que de verdad me ofende. Y es que no se trata de un hembrismo salvaje aullando por la supremacía de la mujer. Lo que pude observar ayer es que unos por miedo a establecer lazos y otros por miedo a no hacerlo, tratan al género femenino como si fuera eso, género. El de comprar, usar y tirar.  Es como ir a la carnicería y babear por las piezas expuestas en el mostrador, listas para que cualquiera las compre. Objetos que no tienen más importancia que la de tener un agujero vaginal. Y es que tanto lo uno como lo otro derivan de un pánico atroz a sentirse vulnerables. Y digo, no es hembrismo. Es que creo en el ser humano. Aunque empieza a no convencerme el tiempo verbal. Diré que quiero creer en el ser humano, en el valor que tiene cada persona. Me interesan las personas como individuos racionales y todo eso. El eterno debate sobre la esencia humana. Pero si el mismo ser humano desprecia y objetiza a los que declara iguales a él, ¿cómo demonios voy a seguir intentando creer en las personas?

miércoles, 7 de marzo de 2012

La necesidad de autojustificarse

Avanzamos las clases y hay algo que no me gusta. Resulta que la enfermería siente la necesidad de justificarse a sí misma, una y otra vez. Siente la necesidad de explicar una y otra vez que es una ciencia autónoma e independiente. Pone mucho énfasis en ello y en clase nos lo repiten una y otra vez.


Me lo creí la primera vez que me lo contaron, y no veo la necesidad de repetirlo una y otra vez. Salvo que la propia enfermería necesita repetírselo para creérselo. Es cierto, es una ciencia joven, pero la insistencia es bastante dañina. Pone empeño en resaltar una y otra vez que no es un auxiliar de la medicina, que es otra cosa. Lo creo, pero mi duda apareció con la insistencia, una y otra vez de ese supuesto. No porque me lo repitan más me lo voy a creer más.
Ser ciencia joven supone que aún se puede desarrollar más, que se puede trabajar la teoría, porque es lo que aparentemente primero hace falta. La práctica de enfermería lleva siglos activa, la teoría es mucho más reciente.

El problema está en que aún necesita definirse, que posiblemente aún no esté segura de sí misma. Porque otros dudan, porque la propia ciencia duda, porque las enfermeras dudan...

O como un colectivo (aquí encarnado por un grupo de profesionales de un campo concreto) se comportan muy parecido a un individuo. Y todas las vueltas que aún se le pueden dar.


viernes, 2 de marzo de 2012

Comunicación


Ya desde hace tiempo quería hablar de lo importante que me parece la comunicación en el tema de la salud. O de los que se dedican a ella.
Si la comunicación ya es importante ya de por sí en cualquier relación que se entable (y hablo de relación social), concretamente en este campo se tratan temas delicados. No voy a entrar en si hay que decirle al enfermo lo que tiene, si se muere o lo que sea. Para eso ya hay leyes y protocolos que indican qué se debe hacer. Hablo de algo aún más básico.

Sobre todo en lo relacionado con los viejillos, creo que hay una falta de capacidad comunicativa por parte de los profesionales. Aunque es más general, sobre todo los abueletes y las abuelitas no manejan lenguaje técnico. Y quiero decir, ¿ cómo va a entender un abuelillo qué le pasa si en medio de la explicación aparece la palabra colédoco?

He visto y oído casos que me dan algo en qué pensar. Quizá, desde las facultades debería incentivarse algún tipo de curso o cursillo sobre la comunicación con el paciente. Cómo hablarle, qué decirle, cómo puede entender... O lo que es lo mismo, aprender a dejar el diccionario en casa y aprender a expresarse con palabras sencillas.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Fantasmas

Una mansión llena de almas que tienen una historia que contar, pero probablemente pocas lo harán. Muertos en vida. Algunos pululan, otros simplemente están quietos.
En el aire se respira el tic tac del reloj, cuando la arena, ya mojada, está a punto de acabarse.

No es más que un hospital. Pero una planta peculiar, cuidados paliativos. Casi todos los que están allí saben que no van a salir. Y sin embargo, pequeños detalles, les alegran el día.
Como que el compañero de habitación sea un simpático vejete con ganas de hablar y de contar su vida. Incluso alegra a los familiares, que lo ven como una lucecita para su enfermo. No de esperanza, pero sí de compañía.

¿Cómo hacer frente a una planta llena de fantasmas?

martes, 21 de febrero de 2012

Querido Gottfried Achenwall o sobre la estadística

Querido Gottfried Achenwall:

No sabía quién eras ni cómo te llamabas, pero sabía desde hace tiempo que no confío en tí. Inventaste y usaste por primera vez la palabra alemana Statistik y solo por ello mereces no ocupar un lugar demasiado privilegiado en mis afectos. Tú hablabas de datos del Estado, lo que evidentemente no engloba todo lo que entendemos hoy por estadística.
A ver si te lo explico bien. No me molesta la estadística en general, aunque hacer malabarismos con números no sea lo mío. Pero me divierte. No. Mi problema es personal. Y te lo voy a explicar.

Me parece que la estadística es la ciencia más mentirosa que conozco. Porque nos lo creemos solo porque nos lo dice la estadística. Y la estadística es algo en lo que la subjetividad también tiene su sitio. A ver si me explico. Claro que los datos obtenidos por ella son reales. Pero claro, para obtener esos datos, hemos tenido que elegir de dónde los obtenemos. Y elegir supone descartar a su vez (lo que no se elige). Por ende, ya nos encontramos con algo que puede no ser como se pinta. Y luego, claro, está el Problema. El de las mayúsculas. Se trata de la interpretación. Porque le podemos dar casi la interpretación que queramos. Podemos aprovechar tu estadística para nuestro uso y gozo particular, para nuestro propio beneficio. "Te vas a creer esto porque te lo explico con numeritos".

En las cosas de la salud (y hablo de las ciencias que se dedican a ello) existen enfermos, no enfermedades. Oí la frase ayer, y no puedo estar más de acuerdo. Y es que aquí estadística se traduce por experiencia y parece que muchos de aquellos que te siguen no lo comprenden. No es lo mismo esa estadística empírica que una analítica o teórica. ¿Puede saber más un profano de la materia (vuelvo a hablar de salud) solo por manejar mejor la estadística que un profesional que lleva ejerciendo años (y que particularmente aborrece la estadística como tal)? No creo.

Así que estadística sí, pero con moderación.

Atentamente,
Ainize

martes, 7 de febrero de 2012

Sobre la soledad


Soledad, maldita palabra. La tememos. Nos encojemos ante ella. Y es que es, en definitiva, es uno de los miedos más terribles de la humanidad.

La soledad, que con sus muchas caras puede estar presente. Soledad de estar solo, soledad de quien está rodeado de gente, soledad de quien busca alguien con quien compartir su vida, soledad de quien no tiene a nadie... Tener a alguien a quien echas de menos es soledad, de la misma forma que lo es no tener a nadie a quien echar de menos. Sentirse solo es el abrigo más pesado que puedas echarte encima. Porque soledad no es lo mismo que estar solo. O mejor dicho, soledad no es lo mismo que estar con un@ mism@. Porque soledad supone sentirse solo. Eso es lo que nos da miedo.

Pero ocurre que la soledad no solo es miedo. Con los mayores se convierte también en un problema. Te enfrentas a la muerte y afrontarlo solo es terrible. Alguien a tu lado, que te coja de la mano, que te llore, que te recuerde. Saber que no estás solo. Porque la soledad puede combatirse sabiendo que a alguien le importas lo suficiente. Últimamente nada me ha conmovido más que un viejecillo pidiendo que no se marchara la persona que le acompañaba, que no quería quedarse solo. Pero él tenía acompañante, más de uno en realidad; alguien que velaba por él. Y eso no siempre pasa.

La soledad es dura. Soledad, maldita palabra.

lunes, 6 de febrero de 2012

Sobre la dignidad humana

Me he enfrentado a muchos conceptos. Incluido el de la muerte, uno de los más difíciles de soportar. Pero he descubierto que hay otros que me aterran más. La soledad, pero sobre eso ya me plantearé si escribo o no. Y sobre todo, la pérdida de la dignidad humana. La he visto de cerca, y me asusta mucho. Me ha afectado especialmente.

¿En qué consiste la dignidad humana? ¿Es exagerado afirmar que es lo que nos define? Somos personas en base a nuestra dignidad. Y si la perdemos, ¿cómo le hacemos frente? ¿Y cómo hacer frente a la responsabilidad de provocar cierta pérdida de dignidad humana?
Es una escala y hay muchas circunstancias.
En el ámbito de la salud se da muy a menudo. Porque ya de base, un paciente es un enfermo, lo que supone que es dependiente. Bueno, a priori, aunque se relativiza esa dignidad, puede no haber mayor problema. Pero en casos extremos sí ocurre esa pérdida casi total de dignidad humana. Ocurre, que la mayoría de las veces va acompañada de una relativización o incluso pérdida de la conciencia de uno mismo. Vamos, que la persona enferma no es del todo consciente de esa pérdida. Y eso es mejor, que no lo sepan. Porque soportarlo tiene que rayar lo imposible. Porque si observarlo, estar presente, ya es algo degradante (pero no hacia el cuidador), sufrirlo tiene que serlo aún más.

No sé, no me veo ahora capaz de escribir más ni en más profundidad. Tampoco he encontrado ninguna foto que retrate este concepto.

lunes, 30 de enero de 2012

Ser enfermera

Empieza el nuevo cuatrimestre y se presenta verdaderamente interesante.
Hay una clase de, entre otras cosas, antropología. Y resulta que esa antropología versará sobre la violencia de género. No será la primera vez que le doy vueltas al tema. ¿Pero qué relación exacta tienen los profesionales de la salud con ello?

Es un tema que siempre me ha interesado. A mi alrededor se han dado pequeños o grandes casos sobre esto. Y me parece que a día de hoy, aparte de cifras, desconocemos mucho sobre el tema. ¿Qué lleva a una mujer a soportarlo? ¿Cómo es que muchas no son capaces de rebelarse? ¿Pueden las mujeres con estudios altos sufrirlo? ¿O son exclusivos de mujeres con un perfil marginal? Creo que hay muchos mitos y que es un problema del que solo asoma la punta del iceberg. Como mujer, creo que estamos más expuestas a muchos tipos de agresiones (sexuales, de género o lo que sea) de lo que creemos.

Por lo que nos han comentado, es el segundo año que el tema se incluye como parte del programa de educación de enfermería, porque se han dado cuenta de que hay un agujero bastante grande al respecto. No se sabe cómo reaccionar. Creo que se puede sacar mucho de todo esto, y es ciertamente interesante.

Por otra parte, otro pequeño apunte resaltable. Tengo como profesores médicos, bioquímicos... y casi todos ellos hacen continua referencia a que como profesionales tenemos que trabajar y ¿explotar? la empatía. Es curioso, porque por muy importante que sea, hay algo que falta en todos esos discursos: ninguno de los profesores ha hablado en profundidad de uno de los mayores peligros que entraña todo esto. Y es que alguien dedicado a esto, tiene que ser capaz de tomar distancia de los casos. No puedes llevártelo a casa y dejarte arrastrarte por ello, porque te va a hundir emocionalmente.



lunes, 23 de enero de 2012

Suicidio pasivo


Toqué el tema en un artículo anterior, "Dejar de ser". A veces, a los problemas de la senectud (o lo que es lo mismo, vejez) llevan incorporados problemas extraordinarios. Aunque algunos, por los porcentajes que se conocen, son más bien ordinarios. Pero no por ello menos graves.


El suicidio de la tercera edad es un tema sobre el que se pasa de puntillas. Es algo que existe, pero es un gran tabú. Muchas veces se enmascara con disfraces de accidentes o causas naturales. Porque, ¿para qué remover mierda que no va a llevar a ninguna parte? No beneficia a nadie que todo el mundo lo sepa, quizá su única relevancia real sea tenerlo en cuenta a la hora de la prevención. Pero una persona que se suicida es una persona que no quiere seguir viviendo. ¿Cómo se soluciona eso?

En el caso de los viejecillos no siempre se trata de alguien que hace algo para suicidarse. A veces, asumen la postura de lo que conoce como suicidio pasivo. Dejarse morir. La vida ya no les llama la atención, no hay nada por lo que sientan curiosidad y hay muy pocas cosas que les aten a la vida. Y eso suele ocurrir por ejemplo, cuando muere la que ha sido su pareja toda la vida, que ya no queda nada que les ate a la tierra. Por muchos hijos o nietos que tengan. Sienten que su tiempo ha pasado y que no son necesarios y si ese hilo de pareja se corta, ya no queda nada que hacer. De todas formas, no es la única forma. Dejan de comer, dejan de dormir, dejan de vivir en definitiva. Apatía y desilusión.

Es probable que a ese anciano le detecten alguna además alguna enfermedad orgánica. Pero lo mismo da, no va a querer curarse y es posible que ni su cuerpo ni su mente puedan ser capaces de hacer frente al tratamiento. Es duro, pero a veces, llega un punto en el que tenemos que dejarles irse. Es inútil tratar de buscar la cura, porque ¿cómo les devuelves las ganas de vivir?

Eso nos pone delante de uno de nuestros miedos más ancestrales. Nos hace mirar a la cara a la Muerte (hombre, mujer, espíritu o el ente que sea de la mitología que sea).

viernes, 20 de enero de 2012

Querido Freud


Querido "amigo" Freud:

Contigo no puedo ser objetiva.
Tengo que reconocer que ya te tenía tirria desde hace tiempo. Y cada vez te aguanto menos. Te he vuelto a estudiar, o al menos algunas de las cosas que dices y me empiezas a hartar un poco. No todo tiene que ver con el sexo, con el erotismo o con desear tirarte a tu padre. Me horrorizas cuando hablas de que absolutamente todo tiene que ver con ello (hablas de que siempre resulta erótico una madre dando el pecho, y que yo sepa tiene que ver más con la subsistencia de la especie, porque las crías tienen que alimentarse; y aunque haberlos haylos quien vea todo eso como algo sexual, pues...). No todos los problemas de fondo tienen que ver con un trauma sexual. Si por ejemplo, alguien tiene fobia a las arañas, o a los gusanos o a lo que sea; dudo sinceramente que sea porque de pequeño soñaba sexualmente con su padre y no lo ha superado. Resulta que contigo, volvemos al jijijiji del caca-culo-pedo-pis, me recuerdas a un adolescente hiperhormonado. ¿No somos mayorcitos como para saber distinguir lo morboso?

Contigo me ocurre que no me creo ni la mitad de lo que leo. Que algunas de las cosas me suenan a paparruchas y que la palabra pseudociencia acude con regularidad a mi mente, vergüenza me da ponerle la etiquete de ciencia a esta entrada. Y no, no es porque sea necrófila y quiera tema contigo. Te reconozco algunos avances y bueno, alguien tenía que ponerles nombre a las cosas. Pero lo que sobre todo te puedo reconocer es que has dado pie a otros hitos posteriores.

Eros y Tánatos, dos fuerzas enfrentadas. Que funcionan genial como ejer argumentales a la hora de construir una historia. Pero porque cuando queremos construir una historia, queremos que le interese a alguien, llamar su atención de alguna manera. Pero ocurre que no creo ni por asomo que sean las dos únicas razones de la existencia y del motor del ser humano. Sí, son motores importantes, pero no los únicos.

Cuando comentaba mi hastío hacia ti me preguntaron, ¿pero cuántos adictos a los opiáceos te caen bien?. No sé si está bien formulada la pregunta. ¿A cuántos adictos a la coca estudio? Aparentemente más de los que pensaba. ¿Y a cuántos adictos a la coca obsesionados con el sexo tengo que estudiar? Creo que ya no tantos, o eso espero. ¿Y a cuántos adictos a la coca que tratan la histeria femenina tengo que estudiar? Ya sé que tú lo sabes, pero eso de que las mujeres se ponen histéricas porque tienen demasiada energía acumulada y que por tanto lo que hay que hacer es masturbarlas pues en fin... Creo que ya lo he dicho un par de veces, pero no me creo ni por asomo que el sexo sea la única causa de estrés y compañía.

Mira Freud, el sexo es bueno. Es una verdad innegable, pero no nos pasamos todo el día pensando en ello. Sabemos que existen más cosas. Y también tengo que decirte otra cosa: señor mío, las mujeres no somos solo objetos. Nos has tratado como si fuéramos meros objetos de placer-displacer (Edipo y sus traumas extrapolados a todos los señores del mundo, y a alguna señora también). No somos floreros. No somos el mal de la humanidad. Somos muchas cosas y más complejas (igual que los caballeros) que un simple trozo de carne sufriente por y para el sexo.

Espero que no te moleste. Atentamente,
Ainize




martes, 17 de enero de 2012

Tu favorita

Benditas conversaciones ajenas de autobús, ya que ellas nos proveerán de temas.
Este post viene a raíz de una pregunta formulada: ¿Cuál es tu película preferida?
Y me doy cuenta de que yo no tengo una película preferida, me gustan y adoro muchas y podría nombrarlas. No tengo un grupo de música preferido, aunque me guste alguno. No tengo un color preferido, siempre he dicho que me quedo con la paleta completa que son necesarios todos. No tengo una canción preferida, aunque me gusten unas cuantas. No tengo una serie preferida, no podría dejarme algunas en el tintero. No tengo un libro preferido, aunque hay un par que debería ponerlos en una vitrina. Y así unas cuantas más.

¿Seré indecisa? Lo soy. Puede que por justificarme después o puede que simplemente lo crea, pero detrás de todo estoy hay un porqué.
Elegir uno solo supone descartar el resto. Restar valor a otras cosas que merecen tenerla, infravalorarlas. ¿Tiene que sobresalir una cosa sobre el resto? ¿No es quizá de poco comprometidos con la causa poder decidir solo una sobre todo el resto? ¿No es una generalización? Yo puedo decir me gusta tal, ¿pero tengo capacidad para decir que me gusta esto por encima de todas las otras? Bueno, capacidad sí, pero ¿no tendrá que ver con las circunstancias? Puede gustarte una película (sigamos con el ejemplo) mucho, mucho, y especialmente. ¿Pero no tendrá que ver con quién la visto, por cómo la viste, porque ese día estabas especialmente receptivo o porque te alegró un día especialmente tristón? Lo que supondría que la siguiente vez que la ves, no te va a gustar tanto. Por eso, me temo que pienso tu lo que sea favorito cambia, porque solo es tu favorita sujeta a ciertas circunstancias.

Desdíganme con este juego:
1. ¿Cuál es tu película favorita?
2. ¿Cuál es tu serie favorita?
3. ¿Cuál es tu color favorito?
4. ¿Cuál es tu libro favorito?
5. ¿Cuál es tu autor favorito?
6. ¿Cuál es tu canción favorita?
7. ¿Cuáles son tu actriz y actor favoritos?



Y yo que seguía en las mismas condiciones de estrés-ansiedad, pero el escribir es lo que tiene, que también es terapéutico.

lunes, 16 de enero de 2012

Sobre el contacto físico


Sigo de exámanes y sigo inestable, pero estaba dándole vueltas a algo. Pensando, pensando y dando vueltas.
Cuando estamos mal anímicamente hay poco que nos reconforta. Por mucho que negemos creer en las películas americanas y su alto valor calórico acudimos a ello. Y tiene su razón orgánica y bioquímica de ser. Pero no es el helado, no es el chocolate, no es el dulce. No es la glucosa, a fin de cuentas. Ayuda, pero lo que realmente buscamos es presencia humana. Otro(s) ser(es) humano(s). Sus consejos, su presencia, y sobre todo su contacto físico.
Tiene muchas variantes, desde que te sujeten la mano a que te anden en el pelo o en la espalda. Aunque el formato de igual, se puede decir que el más universal es el abrazo. ¿Tiene el abrazo propiedades curativas?

Quizá de un tema tan ordinario (que en cambio se vuelve crucial en algunos momentos) pueda sacarse algo más. Porque evidentemente las mágicas propiedades que algunos sostienen que tiene el contacto humano son algo a tener en cuenta en un ámbito sanitario. Aunque puede ser también lugar de buenas noticias, normalmente una consulta (o peor, un quirófano o... ) suele ser agorero, como pájaro de mal agüero. Normal, es ahí donde muchas veces podemos enterarnos de que tenemos tal o cual mal.
Claro que un mundo idílico y utópico ese contacto humano está contemplado, pero hoy existe también una máxima paralela: el tiempo es dinero. Y dedicar tiempo a cuidar el contacto humano con un paciente cuesta dinero. Por mucho que digan que un abrazo es gratis, no es cierto. Segurísimo que hay estudios que demuestran o lo intentan que un paciente ante contacto humano se cura antes o responde mejor a la medicación o lo que sea, pero no me apetece buscarlos.

A título personal, tengo cierta alergia al contacto físico desmesurado, al gratuito y al que abusa del espacio personal de cada uno. Y de aquellos que provienen de alguien con quien no tengo excesiva confianza. Incluso debo admitir, que muchas veces, aunque lo necesite, voy a ser incapaz de pedirlo. Pero después, para contradecirme, uso este espacio para reivindicar las cualidades terapeúticas que pueden tener los abrazos y los achuchones. Son, incluso vehículo de expresión en muchas ocasiones. Y un tema a analizar más a fondo en el mundo sanitario.

Abrazo de oso

martes, 10 de enero de 2012

Sobre la inmortalidad


No la quiero. No quiero la inmortalidad. No quiero vivir para siempre. No de forma literal.
La vida trata de ir perdiendo cosas: oportunidades, personas, ovejas, cosas, momentos... Al final es un cúmulo que no puedes recuperar. Aún así es algo que hay que vivir, que no lo cambiaría por nada.Y aún así hay algo que no podemos negar. Si has perdido algo, es porque lo has tenido. Así que sin duda, ha merecido la pena, ¿o no? Pero no quiero eso para siempre.
Porque las palabras para siempre, tampoco me las creo. Ya hablé en su momento de mi relación con las palabras, mi poca inclinación a relativizarlas.

Y sin embargo, sí he querido una clase de inmortalidad. Cuando era pequeña lo que quería era que tuvieran que estudiarme. Hoy se ha convertido en un ser relevante en mi campo. Aunque parece que ahora tengo más de uno. Imagino que se trata de trascender.

Así que inmortalidad no, trascendencia sí.

domingo, 18 de diciembre de 2011

De las cosas que pasan pero no a ti

El mundo es una mierda y pasan cosas. Hablo de cosas horribles, de todas esas cosas que salen en los telediarios. De mujeres maltratadas, de jóvenes que se mueren, de accidentes, de cosas horribles... Claro que pasan esas cosas, pero estamos tranquilos, porque esas cosas no nos pasan a nosotros. Las oímos y se nos revuelve el estómago, pero nos quedamos tranquilos, porque eso no nos pasa a nosotros.

Vivimos con esa firme creencia, de que estamos a salvo. Pero desgraciadamente no es cierto y últimamente he rozado muchas de esas cosas, sobrevolando por aquí cerquita. Puede que a veces peque de alarmista, pero creo que en determinadas circunstancias es mejor prevenir que curar. Ello no quiere decir que creas que va a pasar lo peor, o que estés todo el día pensando en ello. Pero es importante saber actuar llegado el caso.

Solo eso. Y muchas cosas más. Desde aquí mi apoyo a todos las que lo están sufriendo

martes, 29 de noviembre de 2011

Dejar de ser

Tenía pendiente hablar del tema que posiblemente más me ha "tocado" desde que empezamos las clases. Presentamos ya el tema, por lo que le he dado alguna vuelta más que cuando pensé en escribir esto. Quizá, lo primero es definir "tocado". Dadas mis clases pueden significar muchas cosas, pero esta vez se limita a conmover.

Después de darle muchas vueltas tengo claro que no se trata más que de un punto de vista, y uno occidentalizado, además. La ternura, conmoverse, por los niños es básicamente genético. La defensa natural de las crías. Pero, ¿y lo que sentimos hacia nuestros viejitos? Está claro que hoy en día son los dos grupos ante los que nos encontramos más sensibilizados. Basta echarle un vistazo a la película "Up", o mejor aún, basta echarle un vistazo a la gran mayoría que esté viendo "Up". Los primeros minutos de la película provocan más de una lágrimilla, y más de dos, siempre y cuando seas capaz de empatizar. Pero esto no es del todo natural. Siguiendo la biología, la evolución, que no se basa en otra cosa que en la supervivencia de la especie (y por tanto la ley del más fuerte); los ancianos y los enfermos son individuos que ponen en peligro la comunidad, son una carga. Y como tal, en muchas culturas, era responsabilidad del individuo ser consciente de cuándo estorbaba, recogerse e ir a morir al sitio sagrado de turno (que puede ser una montaña, un desierto o lo que sea).

No sé en qué momento ha cambiado esto en Occidente, pero sí está claro que lo ha hecho. Los viejillos nos inspiran ternura, nos conmueven, son nuestros mayores. Y ya sea porque me han enseñado ese sentimiento o porque yo lo he aprendido; pero el caso es que después de que habláramos por primera vez de las demencias en clase, llegué a mi casa un poco triste. No tengo ningún caso de demencias en mi círculo cercano, pero empatizo. El Alzheimer es sin duda la más conocida, pero hay unas cuantas más. Es triste. Lo que todas las demencias tienen en común y quizá lo más triste de soportar, es la deshumanización. Porque eso entronca con otro de los miedos de los humanos. Dejar de ser quienes somos.

Con una demencia nos convertimos en otra cosa. Dejamos atrás lo que fuimos, ya no somo esa persona. Para nosotros la idea es terrible. Es comunmente aceptado que todos pedimos llegar a viejecitos manteniendo la cabeza lúcida, y el resto de cosas... pues ya se verá. Pero la cabeza lúcida, por favor. Nos destroza ver como progresivamente se van degenerando. Y nos afecta mucho, siempre al margen de lo que tengamos que sacrificar para cuidarlos, que habitualmente en un caso de estos tiene que ser mucho. Es casi una regresión, incluso cuando no sufren estas demencias. Se dice que a los viejecillos (mi abuela dice que mayores, porque viejos son los trapos) se les acentúan las manías, que son como niños grandes. Y con una demencia, en la práctica lo son. Se vuelven completamente dependientes. Aún más vulnerables. ¿No se desgarra algo, aunque sea un poquito, al pensarlo?

Y ellos en realidad, muchas veces lo saben. Las demencias dan cierta cancha. Aunque es mucho más probable que esa cancha en realidad sea un pequeño infierno. Ser consciente de que te pasa algo, de que va a peor... Lo que eso supone es que en la práctica, los ancianos suponen el segundo grupo de la población con el índice de suicidios más alto. El suicidio, que es tabú, y pecado para muchas religiones. Porque atenta contra la vida. Por... bueno, aquí también sería entrar a debatir sobre re,ligiones, misticimos y otras posturas anta la vida. Lo que es innegable, es que es duro. Muchas veces los suicidios de los ancianso se disfrazan, se disimulan. Por la familia y porque se prefiere pensar que han sido accidentes. Y realmente no queremos pensar en ello.

Aún podría hablar de algunas otras cosillas, ya que ha sido un motivo de lectura reciente; aún sin profundizar y sin entrar en temas exclusivamente sanitarios, porque como acabamos de ver nos tocan la patata y eso supera el ámbito médico.

lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Excusas?

Esta reflexión viene dada por algunas cosillas que han pasado últimamente. No hace mucho saltaba a los medios de comunicación que un señor se liaba a navajazos con algunas personas que solo pasaban por ahí en un barrio de Bilbao. Después ha habido algunos artículos hablando sobre la enfermedad mental de este señor, que al parecer está diagnosticado con una psicosis delirante. O paranoide, que he leído ambas cosas. Como ésta, hay muchas noticias (a bote pronto recuerdo otro señor que mató a una mujer embarada en una iglesia y también le diagnosticaron una enfermedad mental, etc).

Bien, esta gente está diagnosticada con una enfermedad mental y como tal, la ley tiene otras consideraciones a este respecto. (Reducción de pena por atenuante, penas a cumplir en psiquiátricos en vez de en la cárcel, etc). Creo que es importante señalar que decir ley no es lo mismo que decir sociedad. Valga otra vez el primer ejemplo que he puesto. A este señor se le ha juzgado socialmente, ya que fue un hecho que oprimió bastante nuestros corazoncitos; pero no solo por el acto en sí, si no también por otras consideraciones de índole exclusivamente social que no vienen al caso. Esa presión social tuvo su manifestación consiguiente en la decisión del juez de internarlo en prisión a pesar de los claros indicios de una enfermedad mental (el diagnóstico definitivo ha venido después). Vamos, que al poquito de internarlo en prisión por orden judicial lo sacaron para remeterlo en un psiquiátrico.

Bueno, así que una vez expuesto el caso, allá van mis reflexiones. ¿Una persona que asesina es un enfermo? ¿La razón por la que mata es porque está enfermo? ¿Es suficiente justificación? No sé, de alguna forma, ¿una persona que le da por cargarse a otras no implica ya alguna anomalía? Porque al fin y al cabo, una enfermedad es una anomalía. También supone, quizá una demonización de todo aquel que tenga una enfermedad mental (y alguna de ellas es bastante común). ¿Todo el que está enfermo puede convertirse en un asesino?
En realidad, nunca he sido capaz de responder a estas preguntas de forma categórica.